“Mas Jehová dijo a Josué: Mira, yo he entregado en tu mano a Jericó… Rodearéis, pues, la ciudad todos los hombres de guerra, yendo alrededor de la ciudad una vez; y esto haréis durante seis días. Y siete sacerdotes llevarán siete bocinas de cuernos de carnero delante del arca; y al séptimo día daréis siete vueltas a la ciudad, y los sacerdotes tocarán las bocinas. Y cuando toquen prolongadamente el cuerno de carnero, así que oigáis el sonido de la bocina, todo el pueblo gritará a gran voz, y el muro de la ciudad caerá… Y Josué mandó al pueblo, diciendo: Vosotros no gritaréis, ni se oirá vuestra voz, ni saldrá palabra de vuestra boca, hasta el día que yo os diga: Gritad; entonces gritaréis”. Josué 6:2-5,10.

Moisés había muerto y ahora era Josué quien debía completar la tarea de introducir al pueblo a la tierra prometida. Luego de cruzar el Jordán el pueblo se preparó para comenzar la conquista y Jericó fue la primera parada.

Cuando leemos sobre la estrategia que Dios le presentó a Josué para conquistar esa ciudad nos puede parecer, como mínimo, extraña. Me imagino al pueblo pensando: ¿Rodear la ciudad en silencio durante seis días? ¿Dar siete vueltas al séptimo día y gritar? ¿No podía resolverse todo en un día? ¿No sería mejor si el muro se cayera en cuanto llegáramos para no perder tiempo? Sí, podría haber sido más fácil, pero Dios no tenía en mente solo entregarles una ciudad.

Si leemos toda la historia, descubriremos por lo menos tres propósitos por los que Dios permitió que las cosas se desarrollaran de esa manera y que son perfectamente aplicables para nosotros hoy.

En primer lugar: Engrandecer a Dios y no a los instrumentos humanos.
Podemos obstaculizar que Dios sea engrandecido cuando actuamos por nuestra cuenta y usando nuestros métodos. La obra que Dios hizo a favor de Israel puso a temblar a los pueblos enemigos y tuvieron que reconocer que sólo la mano de Dios podía hacer algo así, no se trataba del poder de un grupo de hombres.

En segundo lugar: Afirmar que las victorias se obtienen a la manera de Dios y en el tiempo de Dios.
Los tiempos y las formas de obrar del Señor pueden ser incomprensibles para nosotros, pero Él es Dios. Nosotros percibimos con los cinco sentidos. Dios no se limita a los cinco sentidos. En Isaías 45:9 leemos: “¡Ay del que discute con su Hacedor! Dirá el barro al que lo labra: ¿Qué es lo que haces?”

Por último: Probar la obediencia del pueblo.
Dios les pidió que rindieran sus opiniones inmediatamente y sin reservas a Él, y lo hizo ordenándoles que sometieran lo más difícil: Su lengua. “No saldrá palabra de vuestra boca hasta el día que yo les diga”. Seis días en silencio… ¡sin poder quejarse! Israel había perdido muchas bendiciones a causa de sus murmuraciones y Dios esperaba que no volvieran a caer en el mismo error.

Piensa por un momento, ¿estás obstruyendo de alguna manera la posibilidad de que Dios sea engrandecido? ¿Estás aceptando las maneras y tiempos de Dios en tu vida? ¿Estás sometiendo tus opiniones al Señor y manifestando obediencia a Él? Déjale a Dios ser Dios y confía, Él sabe cómo guiar tu vida.

Cortesía Pastor Pablo Giovanini
Iglesia Cristiana Renacer en Lynn, MA

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