“Mi mano hizo todas estas cosas, y así todas estas cosas fueron, dice Jehová; pero miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra”. Isaías 66:2.

Dios pone su mirada en los humildes, en los que reconocen su necesidad espiritual y están dispuestos a satisfacerla en su presencia. Los pobres en espíritu son los que tienen sed de Dios, hambre de Cristo, los que saben que sin Él no pueden hacer nada. Jesús dijo que los pobres en espíritu son “bienaventurados” porque de ellos es el Reino de los Cielos (Mateo 5:3), es decir, son los que tienen un corazón dispuesto para que el Rey de reyes gobierne sus vidas.

Cuando Dios habla a una persona pobre y humilde de espíritu la hace “temblar”. La palabra temblar en hebreo es jared que significa “estremecer, temer, asombrar”. El significado que más se aplica en este contexto es “estremecer”. La persona que depende de Dios no tiene miedo ni se atemoriza cuando Él habla, sino que en su corazón hay un sentimiento de admiración, reverencia y deseo de obedecerle inmediatamente.

Dios sigue hablando, y cuando lo hace, estremece a sus hijos para movilizarlos a hacer su voluntad. Ellos son los que marcan la diferencia. En tiempos de crisis, pandemia, revueltas políticas y sociales, quienes son estremecidos por la Palabra irradian gozo, tienen paz y proclaman un mensaje de esperanza a todo aquel que quiera refugiarse en el verdadero Dios.

Los que tiemblan ante la Palabra de Dios son los que preservan este mundo, los que interceden por los que se pierden, los que sirven al necesitado, los que hablan de Cristo y predican su salvación a toda criatura. ¿Eres uno de ellos?

Cortesía Pastor Pablo Giovanini
Iglesia Cristiana Renacer en Lynn, MA

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