“He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.” Mateo 1:23.

El Único Dios verdadero trazó el camino para que pudiéramos tener una relación con Él. En el Antiguo Testamento nos demostró que no éramos capaces de satisfacer sus demandas porque nadie pudo cumplir la Ley. Así que después de cuatrocientos años de silencio desde la última profecía de Malaquías, irrumpe un ángel del cielo anunciando que Dios envía a su Hijo Unigénito para hacer realidad su presencia continua en nosotros. Ya había sido profetizado mucho tiempo atrás por el profeta Isaías cuando dijo: “Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel”. Isaías 7:14.

Dios se hizo hombre para sentir como nosotros sentimos. Jesús se ensució, se golpeó, se lastimó, se cansó, lloró, rio, se entristeció, de tal modo que nadie puede decir que Él no puede entendernos. Él sabe lo que es perder un amigo, que te traicionen, que te maldigan, que te desprecien, que te echen de un lugar, que se burlen de ti. Jesús pasó por las situaciones que cualquier ser humano puede pasar. Incluso pasó por algo que tú y yo aún no hemos experimentado, la muerte, y salió victorioso.

El Señor, no solo puede identificarse completamente con nosotros, sino que ha prometido estar siempre a nuestro lado. “…porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré”. (Hebreos 13:5b).

Jesús, que nunca dejó de ser divino ni por un momento, tomó la naturaleza humana y se convirtió en Emanuel, Dios con nosotros, para siempre. Así que no importa cuántas personas puedan acompañarnos esta Navidad, podemos estar seguros que no estaremos solos.

«Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo». (Mateo 28:20).

Cortesí­a Pastor Pablo Giovanini
Iglesia Cristiana Renacer en Lynn, MA

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