«Mi señor, que bueno es adorarte y buscarte día tras día. Hoy, delante de tu presencia, vengo a pedirte una súplica especial y es que me permitas sanar el alma y renueves mi corazón. Señor, no quiero vivir con odio, no quiero vivir con rencor, no deseo sentir rabia por los que en algún momento me han hecho mal. Dios, así como tu sanas las dolencias físicas, yo te pido que seas tu sanando los dolores de mi alma. Que todo conflicto, que toda rencilla, que todo aquello que va en contra de tu voluntad, salga de mi vida en el poderoso nombre de Jesús. Ayúdame a encontrar tu paz.»