«EL GOZO MÁS GRANDE»

Tenemos un Padre maravilloso que nos bendice de tantas maneras que nos sobran los motivos para darle gracias y gozarnos con lo que hace. Dios ha sido fiel y misericordioso con todos nosotros. Hago un repaso en mi mente de la obra de Dios en cada uno de ustedes y la verdad es que me llena de alegría ver cómo se ha movido en sus vidas.

Cuando Jesús estuvo los tres años y medio llevando a cabo su ministerio en la tierra, convocó a muchas personas para que sean sus discípulos, sus seguidores. Con ellos compartió tareas y responsabilidades llevando el mensaje del evangelio. En cierta oportunidad convocó a setenta personas definiéndoles tareas específicas y la forma en que debían llevar el mensaje del Reino de Dios a otras ciudades del norte de Israel. Estas personas obedecieron a Jesús en cada detalle y vieron el poder de Dios. ¡Qué gozo sintieron! Experimentaron el poder de Dios en acción. ¡Dios obrando a través de ellos! Observe sus comentarios una vez terminada la tarea.

Lucas 10:17-20: “Volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre. Y les dijo: Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará. Pero no os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos.”

El Señor quiso llevar a sus discípulos a que supieran la causa por la cual Dios obraba a través de ellos: Sus nombres estaban escritos en los cielos.

Juan 1:12 dice que todos los que recibieron a Cristo en su corazón ahora son hijos de Dios. El día que recibimos a Jesús como Salvador y Señor, hubo regocijo en el cielo, y simbólicamente hablando, fuimos anotados en el “Registro Celestial de las Personas”, se labró un acta de nacimiento y fuimos anotados como hijos de Dios. El Padre Celestial nos inscribió en el libro de la vida.

Dios también le había revelado al apóstol Pablo que todos los hijos de Dios están anotados en el libro de la vida. Él se los dijo a los hermanos de la ciudad de Filipos, recordándoles que ellos ya estaban registrados en ese bendito libro. Por favor, lea Filipenses 4:3. Porque inmediatamente después de recordarles esto, el versículo siguiente expresa la exhortación más recordada por la Iglesia de todos los tiempos: “Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!”. ¿Cuál es el motivo? ¡Somos hijos de Dios anotados en el libro de la vida!

Algunas de las bendiciones que recibimos por ser hijos de Dios son:

1. Recibimos el amor maravilloso de Dios. 1 Juan 3:1. Hemos recibido un amor que para el mundo es incomprensible. Muchas veces nos preguntamos a nosotros mismos: “¿Qué lo habrá movido a Dios para amarme sabiendo lo pecador que soy?”. La respuesta es que Dios es amor y nos amó desde la eternidad. Romanos 5:8-10 nos dice que si Dios nos amó cuando éramos pecadores ¡Cuánto más nos amará ahora que somos hijos! El deseo de Dios es que hoy y siempre disfrutemos su amor maravilloso.

2. Dios nos libró de la condenación eterna. Por la Ley de Dios, todo pecador merecía la muerte y la condenación. Hay pasajes de la Escritura que son muy claros, mencionan que los que no están anotados en el libro de la vida serán lanzados al lago de fuego. Lea Apocalipsis 20:12-15; 13:8; 17:8; 22:19. Ahora que somos hijos de Dios tenemos la total seguridad que somos librados de la condenación gracias al sacrificio de Cristo en la cruz. Juan 5:24 dice: “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.” ¡Aleluya!

3. Crecemos diariamente en nuestra relación con Dios. Cada día tenemos la oportunidad de descubrir a Dios, conocerlo en profundidad. El Padre bueno sabe dar buenas dádivas a sus hijos que claman a Él. Lea Mateo 7:11. Experimentamos el amor de Dios cuando disponemos nuestro corazón para buscarlo. “Acercaos a Él, y Él se acercará a vosotros”, dice Santiago 4:8. También la Palabra de Dios nos dice que “a los que aman a Dios, todas las cosas les ayuda a bien” (Romanos 8:28a). El viernes compartíamos Isaías 48:17: “Así ha dicho Jehová, Redentor tuyo, el Santo de Israel: Yo soy Jehová Dios tuyo, que te enseña provechosamente, que te encamina por el camino que debes seguir”. En cada circunstancia de la vida Dios nos enseña algo que será de beneficio para nuestra vida. Nada pasa de gusto para un hijo de Dios. Todo redundará en bendición porque “conforme al propósito de Dios somos llamados” (Romanos 8:28b).

4. Tenemos la esperanza de que en poco tiempo seremos coherederos con Cristo de todas las cosas. Lea Romanos 8:17. Dice que somos “coherederos” con Cristo. Jesús es el Hijo Unigénito de Dios (Juan 3:16) porque solo Él es Dios, igual que el Padre y el Espíritu Santo. Pero Jesús es el Primogénito entre muchos hermanos (Romanos 8:29) porque Su Herencia la comparte con todos los hijos adoptados de Dios. Por tanto, ¡tú y yo tenemos los mismos derechos legales que Jesús ante Dios! ¡¿No es motivo para regocijarnos?!
También Apocalipsis 21:27 dice que los que están anotados en el libro de la vida entrarán a disfrutar la eternidad de los cielos nuevos y tierra nueva donde está la nueva Jerusalén. Las bendiciones más maravillosas que jamás hubiéramos imaginado Dios las ha creado para que sus hijos las disfruten por la eternidad.

Tenemos la seguridad de que le pertenecemos a Dios porque hemos aceptado el sacrificio de Cristo en la cruz por nosotros. Nos hemos arrepentido de nuestros pecados y hemos puesto nuestra confianza en Jesús para siempre. El que permanece en Él hasta el fin será salvo y su nombre nunca será borrado del libro de la vida. Apocalipsis 3:5 dice: “El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles.”

El mundo, influenciado por Satanás, el dios de este siglo, ciega el entendimiento de la gente para que no sepan todo lo que ha logrado el sacrificio de Cristo en la cruz y su resurrección. Pero tú y yo conocemos la verdad, somos hijos de Dios, anotados en Su libro. Que este regocijo interior pueda manifestarse estos días en cada lugar que estés para que otros lleguen a conocer a Cristo a través de tu testimonio y sus nombres también puedan ser inscritos en el libro de la vida.

Cortesí­a Pastor Pablo Giovanini
Iglesia Cristiana Renacer en Lynn, MA

compartir por messenger
compartir por Whatsapp