“Oh Dios, no guardes silencio; no calles, oh Dios, ni te estés quieto”. Salmo 83:1

El clamor del salmista refleja desconcierto y frustración ante el silencio y la aparente ausencia de Dios. Sin embargo, Su silencio no es indiferencia o indolencia, detrás del silencio de Dios hay mucha intencionalidad.

Esos silencios divinos se asemejan a los silencios musicales. En toda ejecución musical hay silencios y esto no significa que la obra se detiene. Alguien dijo que en toda buena interpretación el silencio debe tener tanto peso como el sonido y debe usarse para trasmitir el mensaje que tiene la obra. Durante los silencios de Dios sus propósitos se siguen cumpliendo y pueden ser útiles para obtener mayor atención acerca de lo que quiere transmitir.

Dios irrumpió en la vida de Moisés con una zarza ardiendo después de 40 años de silencio. Un ángel le llevó a Daniel una revelación poderosa después de 21 días. Los ángeles vinieron a servir a Jesús después de 40 días de ayuno y tentación. Dios envió a Jesucristo al mundo después de 400 años de silencio. Y después del sábado silencioso vino la obra culmine de Dios: Jesús resucitó de los muertos, su obra salvadora entró en acción, comenzó la dispensación de la gracia, y ahora tenemos esperanza de que a la final trompeta vamos a resucitar como Él.

Tal vez tú te encuentres en un “sábado silencioso”, sin respuestas, sin fe ni esperanza. Tienes que saber que Dios está preparando algo, quiere sorprenderte con lo que hará. Recuerda que Jesús le dijo a Marta que si creía iba a ver la gloria de Dios. Hay una promesa que sigue latente para ti. Se hará realidad si puedes creer:

Cortesí­a Pastor Pablo Giovanini
Iglesia Cristiana Renacer en Lynn, MA

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