“Después hubo hambre en la tierra, además de la primera hambre que hubo en los días de Abraham… Y se le apareció Jehová, y le dijo: No desciendas a Egipto; habita en la tierra que yo te diré. Habita como forastero en esta tierra, y estaré contigo, y te bendeciré…” Génesis 26:1-3.

Isaac se encontraba en una encrucijada, no podía quedarse en esa tierra porque debía alimentar a mucha gente, pero la única opción que conocía era ir temporalmente a Egipto, el país donde siempre había alimento debido al agua potable del río Nilo. Él conocía la historia de Abraham, su padre. Durante la primera hambre se había ido a Egipto sin consultar con Dios y tuvo que regresar al mismo lugar desde donde había salido (Génesis 12:10). A diferencia de Abraham, Isaac se quedó a pesar de la hambruna creyendo lo que Dios le había prometido.

La obediencia de Isaac tuvo su recompensa, Dios lo bendijo y fue prosperado. “Y sembró Isaac en aquella tierra, y cosechó aquel año ciento por uno; y le bendijo Jehová. El varón se enriqueció, y fue prosperado, y se engrandeció hasta hacerse muy poderoso.” (vs. 12 y 13).

Tal vez nosotros tengamos disyuntivas como las de Isaac en tiempos de crisis. ¿Cómo estamos actuando? ¿Consultamos a Dios para lo que debemos hacer o nos dejamos llevar por impulsos justificándonos en lo que otros hacen o en lo que se espera de nosotros? Antes de tomar cualquier decisión debemos escuchar a Dios; y después de tener su dirección, debemos obedecerle.

El Señor tiene recursos inagotables para cuidar de su pueblo. Cuando confiamos en su protección experimentamos paz y seguridad porque sabemos que nuestra vida descansa en las manos de Aquel que nunca se olvida de sus hijos.

Cortesí­a Pastor Pablo Giovanini
Iglesia Cristiana Renacer en Lynn, MA

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