“Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y, en sus manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra. Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios”. Mateo 4:5-7.

Jesús fue tentado en todo para identificarse con nosotros de modo que podemos estar seguros que nos entiende cuando estamos bajo cualquier presión. Incluso, dice la Biblia que fue llevado por el Espíritu Santo al desierto para ser tentado. Allí el diablo le tendió tres trampas, pero de todas Jesús salió victorioso.

La primera tentación tenía que ver con obligar a Jesús a demostrar que realmente era el Hijo de Dios. Satanás le tienta a “forzar” al Padre para que intervenga de manera sobrenatural. En otras palabras, le estaba diciendo: “Vamos Jesús, si haces esto, la Biblia promete que ángeles te van a rescatar y será una excelente autopromoción.” ¡Qué maquinación perversa! ¡El pseudo hermeneuta Satanás hasta intenta usar la Palabra para respaldar su propuesta! Parece que esto de usar versículos sin analizar el contexto no es de ahora…

Satanás usó solo una parte del Salmo 91 tratando de forzar el texto para decir algo que Dios nunca dijo: “Métete en problemas que de todas maneras yo te ayudaré”. No, jamás dijo eso. Por eso el Señor enfrenta al diablo con la Palabra de Dios y le responde: “Escrito está: No tentarás al Señor tu Dios”.

La palabra “tentar” en griego es peirazo, que significa “poner a prueba, incentivar”. Es decir, retar a Dios para que haga algo según nuestra conveniencia aunque sea una negligencia.

Israel muchas veces tentó a Dios de esta manera y siempre sufrió terribles consecuencias por su testarudez y rebeldía. “Y llamó el nombre de aquel lugar Masah y Meriba, por la rencilla de los hijos de Israel, y porque tentaron a Jehová, diciendo: ¿Está, pues, Jehová entre nosotros, o no?” (Éxodo 17:7).

Actualmente el diablo sigue usando la misma estrategia para hacernos pecar contra Dios. Apela a nuestro orgullo para hacernos creer que ya somos autosuficientes, intocables, a prueba de todo. Pero Dios nunca dijo: “Sé negligente que nunca te llegarán las consecuencias”.

En tiempo de tentación necesitamos someternos a Dios, escuchar su voz y actuar con diligencia. Vayamos diariamente a Su Palabra para que sea nuestra guía. Y si el enemigo busca enredarte con sus mentiras, respóndele: ¡“Escrito está”!

Cortesí­a Pastor Pablo Giovanini
Iglesia Cristiana Renacer en Lynn, MA

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