«Padre celestial, te alabo por tu grandeza y tu bondad, por tu creación y tu salvación, por tu providencia y tu misericordia. Te ofrezco mi corazón, mi mente y mi cuerpo como un sacrificio vivo y agradable a ti, como una ofrenda de amor y gratitud. Que se haga tu voluntad en mi vida y se cumpla tu plan perfecto y eterno, que se manifieste tu reino de justicia y de paz. Ahora que me dispongo a dormir y descansar de mi agotador día laboral, te ruego que me permitas tener un buen sueño y mañana despierte con fuerzas renovadas. Amén.»