“Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque estoy en angustia; se han consumido de tristeza mis ojos, mi alma también y mi cuerpo… se agotan mis fuerzas”. Salmo 31:9-10.

La palabra agotar en hebreo es kashál, que significa “tambalear u oscilar debido a debilidad en las piernas o tobillos, trastabillar, tropezar, caer, desfallecer”.

Una cosa es el cansancio de un largo día de trabajo, pero algo muy diferente es el agotamiento físico y mental. Esto es algo que no solucionamos con una buena comida y descanso, necesitamos una renovación profunda, un toque que venga directamente del Señor.

En cierta ocasión Jesús le dijo a sus discípulos: “Vengan conmigo a un lugar apartado y descansen un poco”. Marcos 6:31. En efecto, el Señor algunas veces nos tiene que guiar a hacer una pausa. Él sabe que somos débiles, el problema es que a veces nosotros nos olvidamos. Un conocido escritor dijo en una oportunidad que el problema de los cristianos es que algunas veces olvidan que son humanos, y ese único descuido puede debilitar su potencial.

Vivir agotados física y mentalmente no es lo que Dios desea para nosotros; pero si has llegado a ese punto, el Señor te hace la misma invitación que a sus discípulos: “Ven conmigo a un lugar tranquilo”. Él es quien puede renovar tu alma y aquietar tu mente para ser fortalecido.

Disfruta hoy de un momento de quietud delante del Señor. Deja que Él te dé las fuerzas y el descanso que necesitas. Mientras hace esto, pídele que te revele cualquier aspecto de tu vida en el que estés “afanándote” sin necesidad. Él desea darte paz y descanso.

Cortesía Pastor Pablo Giovanini
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