“Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo.” Mateo 13:44

Las parábolas de Jesús son maravillosas, porque están relatadas de manera sencilla que hasta un niño las puede entender, pero contiene valores trascendentes, profundos, que transforman el alma sensible. En esta ocasión, el Señor expuso esta perla espiritual en una playa a un grupo de gente que vino para escucharle, cerca de su casa en Capernaúm. Después de compartirles varias enseñanzas acerca de cómo ser parte del Reino de los cielos, ahora quiere mostrar el alto valor de ser parte de él.

Imaginemos, solo imaginemos a Juan, un simple hombre que trabaja en el campo con sus herramientas de mano para hacer surcos, pozos, zanjas para el agua. De pronto, no había cavado ni a un metro de profundidad cuando siente algo duro en el suelo. Cree que es una piedra, entonces comienza a ampliar el espacio alrededor para quitarla, cuando se da cuenta que es una caja de madera. Ahora está intrigado acerca de ese objeto y comienza a trabajar con más entusiasmo. El suspenso, el deseo de saber lo que había allí lo ha motivado. Hasta parece que hoy ya es un día diferente, algo nuevo estaba pasando. Sigue cavando, profundizando y cuanto más despeja el área más grande se abren sus ojos. ¡Es la tapa de un viejo cofre! La abre despacio para ver qué encontraría allí, y ¡no lo puede creer! ¡Es un baúl lleno de alhajas de oro, prendedores de piedras preciosas, collares, anillos, monedas…! ¡Un tesoro incalculable! De pronto le viene una idea sorprendente: Volverlo a enterrar y dejarlo como si nunca hubiera pasado nada, vender todo lo que tenía y comprar ese campo. El que tiene el campo, tiene el tesoro.

Con esta enseñanza, Jesús destaca el valor del Reino. Tiene un precio altísimo que nadie puede pagar. Solo Jesús lo ha hecho en la cruz. Pero requiere que cada persona que desee entrar en él, esté dispuesta a renunciar a todo por obtenerlo. Los que abrazan el evangelio con todo su ser son los que han descubierto el valor de ser gobernados por Jesús aquí y en la eternidad. ¡No hay mayor tesoro que Jesucristo!

Juan descubrió el tesoro por accidente, pero se dio cuenta del tremendo valor que tenía. Pero hay otros que ya son dueños del campo y nunca son capaces de descubrir lo que tienen. Pueden ser cristianos por años sin haber experimentado el gozo de tener a Cristo como centro de sus vidas. Han pasado años orando sin fe, hablando del evangelio sin conocerlo, y a la hora de defender su valor, no saben lo que tienen.

¡Qué diferentes son nuestras vidas cuando experimentamos a Jesús en todo nuestro ser! El gozo nos desborda, la paz controla nuestra alma, la esperanza nos motiva cada día para extender este maravilloso Reino en un mundo perdido y desquiciado. Lo más valioso que puede haber en este mundo es invisible a los ojos porque tiene valor de eternidad. Sólo los que han recibido la luz divina pueden alcanzar a descubrirlo. Sembremos valores eternos y cosecharemos riquezas imperecederas.

Cortesía Pastor Pablo Giovanini
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