“Y Jesús le dijo: Yo soy; y veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo.” Marcos 14:62

Faltaban pocas horas para que Jesús fuera crucificado. Para darle sentencia final era necesario un juicio justo, pero nunca lo tuvo. La comparecencia ante las autoridades religiosas fue un mero trámite, porque hacía tiempo que estaban buscando a Jesús para matarlo. Les había llegado la oportunidad, y ante la pregunta “¿Eres tú el Hijo de Dios?”, la respuesta era obvia para los que veían las evidencias. Yo Soy, en presente, la misma frase del hebreo antiguo que se escribía “Jehová”.

El ”Yo soy el que soy” les estaba mostrando el plan eterno y ninguno de ellos lo quiso ver. Jesús podía proyectarse hacia el futuro y declarar que el mundo vería “al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo”. Les estaba diciendo que el sufrimiento y muerte que ellos estaban planificando en sus corazones era temporal, pasajero.

Jesús tenía visión de eternidad. Estaba viendo más allá de la realidad inmediata. Jesús estaba pasando por alto los sufrimientos para verse glorificado eternamente, sentado en el trono y volviendo a reinar. ¿Cómo pudo pasar Jesús los momentos tan difíciles? Hebreos 12:2 nos ayuda a comprender su motivación y fuerza: “por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.” Jesús se veía sentado en su trono y el gozo del triunfo final era mucho mayor que el sufrimiento temporal.

Recuerda que Jesús era tan humano como nosotros. Por supuesto que era Hijo de Dios. Nunca dejó de serlo. Pero se despojó de su gloria, no hizo uso de su divinidad para ir a la cruz. Totalmente hombre para ser nuestro sustituto perfecto y pagar nuestra redención, y para sernos ejemplo.

Como hombre, nos muestra el camino: vivir cada día con visión de eternidad. Lo que suframos en esta vida es temporal. El gozo que nos sostiene, nos motiva a seguir adelante y nos da las fuerzas diariamente es nuestro destino final. Solo pensar en la eternidad con Cristo, su iglesia, y siendo coherederos de todas las cosas debería ser suficiente motivación para enfrentar cualquier prueba.

¿Estás siendo víctima de burlas, desprecios, chismes, injurias por causa de Cristo? ¿Estás pasando sufrimientos sin entender las causas? ¿Parece que todo lo que haces para el Señor no da resultado, no vale la pena? Necesitas reforzar tu visión de eternidad. Del presente se encarga el Señor. No lo dudes. Él es tu Proveedor, Sustentador, Protector, Sanador, y sobre todas las cosas tienes un Padre Celestial que te ama como nadie jamás podría haberlo hecho.

No te enfoques en lo temporal, porque te espera el gozo indescriptible de una eternidad con Cristo reinando a su lado colmado de favores eternos. Lo que te está sucediendo hoy, también pasará. Lo que permanecerá es lo que hayas sembrado para la eternidad.

Cortesía Pastor Pablo Giovanini
Libro de devocionales «Tiempos de Refrigerio»
Adquiera el libro en Amazon

compartir por messenger
compartir por Whatsapp