“Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa.” Hechos 16:31.

Pablo y Silas habían ido a Filipos siguiendo la dirección del Espíritu Santo; sin embargo, terminaron en la cárcel de la ciudad. Si yo fuera Silas le hubiera preguntado a Pablo: ¿Estabas seguro de que debíamos venir a esta ciudad? ¿Fue Dios quién te dirigió? ¿No habrá sido el diablo? Bueno, la verdad es que tanto Pablo como Silas sabían que eso era propósito de Dios. En vez de quejarse, comenzaron a cantar y alabar a Dios hasta que un terremoto milagroso los liberó, y para abreviar la historia, el carcelero le preguntó a estos siervos de Dios qué debía hacer para ser salvo. La respuesta fue: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa”.

Observa los planes y propósitos de Dios. Pablo y Silas terminaron presos en Filipos porque había un carcelero que necesitaba salvación. No solo él, sino toda su familia; y por este hecho comenzó la iglesia de los filipenses. El carcelero escuchó la Palabra de Dios y creyó. Ese mismo día, toda su familia se bautizó como señal de haber aceptado el mensaje del evangelio.

¿Qué hay de ti? ¿Te ha hablado Dios con esta misma promesa? Si prestamos atención a lo que nos dice la Escritura, sabremos que para que una promesa se cumpla, muchas veces nosotros debemos hacer una parte. En este caso, sembrar la Palabra de Dios. Fíjate que Dios no produce plantas con solo declarar una verdad. ¡Hay que sembrar!

Si creemos que nuestra casa será salva, entonces nosotros somos los responsables de hablar de Jesús a nuestra familia. Por eso, déjame darte tres recomendaciones:

Debes hacerlo con regularidad, continuidad. No alcanza con hablar a la familia una vez y “que sea lo que Dios quiera”. Debes persistir en sembrar y regar la semilla. Mira lo que Dios les dice a los padres: “Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas” (Deuteronomio 6:6-9).

Habla la verdad con amor. “Sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo” (Efesios 4:15). Decir versículos bíblicos con ira, amargura o miedo, no permite que la semilla penetre en el corazón de nadie. Nuestras palabras deben ser acompañadas con amor y paciencia.

Cree tú mismo lo que dice Dios. No solo debes dar testimonio con tus palabras, debes demostrar lo que crees con tu conducta. Nuestra familia nos conoce muy bien, saben si vivimos lo que creemos.

No te canses de sembrar la verdad con amor. Dios dará el crecimiento. Haz tu parte y cree que tu familia será salva.

Cortesía Pastor Pablo Giovanini
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