Cuántas veces escuchamos esta palabra en sermones, estudios, canciones, incluso muchos de nosotros alguna vez hemos orado por un avivamiento, pero ¿entendemos realmente lo que estamos pidiendo? Creo que, como en muchos otros casos, conocemos la palabra pero desconocemos su contenido.

Básicamente, el propósito de un avivamiento es que las personas se rindan al señorío de Cristo, obedezcan su Palabra y el Señor sea conocido a través de esas vidas transformadas. Esto solo puede suceder en aquellos que están dispuestos a humillarse en Su presencia, reconocer sus pecados, arrepentirse y entregarle el control de sus vidas a Cristo. Alguien dijo: “El llanto viene antes del gozo. La cruz antes de la resurrección. La muerte antes de la vida. El quebrantamiento antes de la plenitud”.

Sin embargo, tristemente, el “evangelio” que hoy se predica en muchos lugares hace a un lado esta realidad y sugiere a las personas que todo se trata de alegría, bienestar y alivio. “Reclámalo y será hecho”, una frase que ha prosperado entre aquellos que quieren que sus problemas, resultantes de años de decisiones hechas fuera de la voluntad de Dios, se resuelvan como por “arte de magia” sin que exista ningún tipo de reconocimiento de sus faltas.

Si estamos orando por avivamiento pero no enfrentamos aquellas cosas que se interponen entre nosotros y el Señor, estamos perdiendo el tiempo. El predicador y escritor A. W. Tozer dijo que experimentaremos un avivamiento, y cito: “Cuando dejemos de utilizar las oraciones y actividades como sustitutos de la obediencia”.

La Iglesia de Cristo no necesita una idea nueva. La respuesta a tanta decadencia espiritual no es otro programa que mantenga a las personas entretenidas y lejos de sus problemas por unas horas. Lo que necesitamos es la presencia y el poder de Dios, y eso solo puede adquirirse buscando Su rostro.

Espero en el Señor que cada uno de los que esté leyendo este devocional decida iniciar el nuevo año que está a las puertas, comprometiéndose a una verdadera búsqueda del avivamiento que Dios nos prometió. Entonces, como menciona el Salmo 72:6, Su gloriosa presencia “descenderá como la lluvia sobre la hierba cortada; como el rocío que destila sobre la tierra”. Su presencia caerá sobre sus vidas de manera tan abundante como el agua fresca.

Cortesía Pastor Pablo Giovanini
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