“Y comenzaron a acusarle, diciendo: A este hemos hallado que pervierte a la nación…” Lucas 23:2

A Jesús lo acusaron de “pervertir” la nación. Esta palabra en hebreo es diastréfo, que entre otras cosas significa “trastornar o apartar”. Viene de stréfo que significa “hacer dar la vuelta o revertir; volver, convertirse”.

Jesús no vino para hacer cambios políticos, culturales ni económicos; vino para deshacer las obras del diablo y sacar de la oscuridad a todo aquel que cree en Él. Sí, Jesús vino para “trastornar” al mundo pecador para que se vuelva a Dios. Su mensaje sigue resonando hasta nuestros días: “Arrepentíos porque el reino de los cielos se ha acercado”.

No se puede recibir el reino, el gobierno de Dios en nuestro corazón sin arrepentimiento de pecados. El mensaje del evangelio “trastorna” a quienes adoran falsos dioses, a quienes se han hecho un ídolo de sí mismos, a quienes solo buscan satisfacer sus malos deseos. Por supuesto que Jesús trastorna al mundo entero. Él nos confronta con nosotros mismos para que tengamos la oportunidad de reconocer que nos hemos apartado de Dios, que lo hemos ofendido con nuestras acciones, pensamientos y palabras, y que no podemos salvarnos a nosotros mismos.

Jesús no “pervierte” nuestro estilo de vida, sino que busca enderezar lo que nosotros hemos torcido. Él busca restaurar lo destruido y dar una nueva vida al que pone su fe en Él. Este es el evangelio. Para esto vino Jesús. Si alguien se atreve a cambiar el mensaje, dice el apóstol Pablo en Gálatas 1:8-9, sea anatema.

A los primeros discípulos, imitadores de Cristo, los acusaron de lo mismo que a Jesús: “Pero no hallándolos, trajeron a Jasón y a algunos hermanos ante las autoridades de la ciudad, gritando: Estos que trastornan el mundo entero también han venido acá” (Hechos 17:6). El evangelio tiene poder para transformar, hacer una metamorfosis en una persona, nunca tuvo el propósito de que nos mimetizáramos, que pasáramos desapercibidos en un mundo sufriente.

Tú y yo tenemos a Jesús, somos sus discípulos, y se nos ha encomendado dar a conocer este mensaje: Todo aquel que se arrepiente de sus pecados, cree que Jesús lo perdona gracias a su sacrificio en la cruz, y quiere vivir como Él, tiene vida eterna. No hay otro mensaje, aunque pueda “trastornar” a muchos.

Cortesía Pastor Pablo Giovanini
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