“Alabad al Señor de los señores, porque para siempre es su misericordia. Al que dividió el Mar Rojo en partes, porque para siempre es su misericordia”. Salmo 136:3,13.

Los milagros de Dios siempre requieren fe. Moisés tuvo que creer que las aguas se iban a abrir al momento de apuntar con su vara al mar. Los israelitas debieron creer que las paredes de agua iban a permanecer firmes hasta que cruzaran al otro lado.

¿Necesitas un milagro? ¿Qué parte tienes tú en la respuesta divina? Los milagros no solo requieren oración, hace falta fe verdadera. Orar no es complicado, lo difícil es avanzar en la dirección que Dios nos pide antes de que las “aguas se abran”. Podemos pasarnos la vida pidiéndole a Dios que abra el “Mar Rojo”, pero si no nos “mojamos las plantas de los pies”, no veremos el milagro.

Cuando Dios hace un milagro es para que su nombre sea exaltado. Todos deben saber lo que ha hecho con nosotros. Cuando Dios abrió el Mar Rojo literalmente lo supo todo el mundo. Cuando los israelitas llegaron a Jericó, Rahab la ramera les dijo: “Porque hemos oído que Jehová hizo secar las aguas del Mar Rojo delante de vosotros cuando salisteis de Egipto… Oyendo esto, ha desmayado nuestro corazón; ni ha quedado más aliento en hombre alguno por causa de vosotros, porque Jehová vuestro Dios es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra.” Josué 2:10-11.

Necesitamos poner nuestra fe en marcha. Los “Mares Rojos” se cruzan por la fe. “Por la fe pasaron el Mar Rojo como por tierra seca; e intentando los egipcios hacer lo mismo, fueron ahogados.” Hebreos 11:29. ¿Tienes un desafío demasiado grande delante de ti? ¿Te han dicho que el problema es imposible de resolver? Si esperas ver obrar a Dios, entonces debes creer. Nada es imposible para Dios.

Cortesía Pastor Pablo Giovanini
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