“Y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. Mas el que persevere hasta el fin, este será salvo.” Mateo 24:12-13.

Jesús dice que en los últimos tiempos el amor se iba a enfriar. No se refiere al amor pasional, tampoco al amor a uno mismo, sino el amor a Dios.

El Señor menciona la causa de la pérdida de ese amor: la maldad. Definamos correctamente “maldad”. Hay siete palabras griegas para definirla, pero aquí se usa el término anomía que significa: “Iniquidad. Actuar y vivir al margen de la ley de Dios. Rebeldía. Rechazo de la voluntad de Dios y sustitución por la voluntad de uno mismo”. ¿Tienes alguna duda de que esto está sucediendo en nuestros días?

La cultura ejerce una gran presión sobre los cristianos verdaderos para cambiar nuestros valores, nuestra manera de pensar y comportarnos. Si vamos en contra de la cultura nos catalogan de anticuados, irracionales, fanáticos religiosos, intolerantes, y esto genera temor en algunos. Temor a ser rechazados, a perder el trabajo, amistades.

Déjame decirte que cuando estos miedos se instalan en nuestra vida se debilita nuestro fundamento y comenzamos a justificar el pecado, y si aceptamos que la ley de Dios se puede cambiar o torcer, entonces nos volvemos insensibles a lo malo. En este punto, comenzamos a aceptar los valores seculares por sobre los bíblicos y empieza el proceso de enfriamiento. Nuestro amor por Dios y su Palabra se enfrían.

Este es el asunto que cada cristiano debe enfrentar en estos últimos días: ¿Cambiarás la verdad que te transforma, que te guía, que destruye lo que te separa de Dios? O ¿permanecerás firme, amando y viviendo para Cristo, sabiendo que si perseveras hasta el fin, te espera una recompensa eterna?

Cortesía Pastor Pablo Giovanini
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