Los momentos de quietud bien utilizados son un recurso de Dios para mostrarnos aquellas cosas que necesitan atención en nuestra vida. Sin embargo, usamos muchos mecanismos de manera consciente o inconsciente para negar o impedir que nos encontremos con lo que intenta salir a la superficie desde nuestro interior.

El reconocido predicador del siglo XIX Charles Spurgeon dijo en una oportunidad que “hay una quietud que hombres y mujeres no pueden soportar porque les obliga a encontrarse con ellos mismos”.

¿Con qué persona se está encontrando cada mañana al mirarse en el espejo?

En Lucas 5:16 leemos que “Jesús se retiraba a lugares apartados para orar”. Esos tiempos de quietud eran los que le renovaban, le fortalecían y le ayudaban a seguir adelante con lo que el Padre le había encomendado.

Toda situación en nuestra vida que no hemos resuelto o gestionado correctamente con la ayuda del Señor tiene el potencial de estrechar nuestra mente, retrasarnos, paralizarnos, enfermarnos, endurecer nuestra relación con las personas que nos rodean y debilitar nuestra fe.

Se necesita una buena cantidad de quietud y momentos cerca del Señor para hacer una evaluación lo más correcta posible de cómo nos encontramos antes de seguir adelante, de lo contrario, corremos el riesgo de caminar en círculos.

Si pudiera silenciar todas las voces, menos la de Dios, ¿qué piensa que le estaría diciendo? ¿Sobre qué áreas de su vida quisiera que pusiera especial atención?

Alguien dijo que “la soledad es la separación elegida para perfeccionar nuestra alma y el aislamiento lo que deseas cuando descuidas lo primero”.

Tome la decisión de planear tiempos de soledad y quietud aunque no sea fácil, de esa manera estará seguro de ir en la dirección correcta con un alma renovada y un corazón sano.

Cortesía Pastor Pablo Giovanini
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