“Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre!” Gálatas 4:6.

Todo aquel que ha recibido a Cristo como Salvador y Señor ha pasado a formar parte de la gran familia espiritual de Dios. Pero hay momentos en que nuestros sentimientos nos pueden jugar una mala pasada y dudemos de que realmente seamos hijos de Dios. Conociendo las luchas que íbamos a enfrentar, el Padre envió al Espíritu Santo para que habite en nosotros y nos recuerde permanentemente que Él nos adoptó. ¡Somos sus hijos eternamente y para siempre!

El Espíritu Santo clama por nosotros interiormente “¡Abba, Padre!”. Abba es la palabra aramea para padre, o más específicamente “papá”, un término familiar que manifiesta amor, seguridad y confianza como el que siente un niño al estar en los brazos de su padre. Pero también usa la palabra “pater” en griego, que en la época de Jesús era usada en los tribunales para certificar legalmente la paternidad. Según las leyes romanas, tanto los hijos biológicos como los adoptados tenían los mismos derechos y recibían los mismos beneficios.

Nosotros, como hijos de Dios, hemos recibido los mismos derechos que Jesucristo. ¿Sabes lo que eso significa? Relación permanente con el Padre, amor compartido eternamente, y además somos coherederos con Cristo. ¡Aleluya! Creo que a todos nos encanta la palabra “pater” y disfrutar de su significado. Pero ¿qué sucede con “abba”? ¿Con cuánta regularidad le decimos a Dios “papá”? Tal vez nos excusemos diciendo que Dios merece respeto y llamarlo de esa manera es minimizarlo, o quizás la relación con nuestro padre terrenal fue tan difícil y dolorosa que no queremos usar esta palabra con Dios. Sin importar cómo haya moldeado nuestro padre terrenal nuestra percepción de lo que un padre debería ser, el amor y cuidado de nuestro Padre Celestial no se puede comparar al de ninguna persona.

¿Has experimentado la dulzura de su amor? Quizás sea el momento de comenzar a desarrollar una relación más profunda con Él. Toma tiempo para considerar las maneras en las que Dios te manifiesta su amor diariamente y experimentarás una seguridad única.

Cortesía Pastor Pablo Giovanini
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