“Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fue llevado por el Espíritu al desierto… Y Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea…” Lucas 4:1,14b.

Jesús, como Hijo de Dios, tiene todos los atributos divinos, sin embargo no los usó cuando hizo su obra en la tierra durante tres años y medio. El Señor “se despojó a sí mismo” (Filipenses 2:6-7) para hacerse hombre, de tal modo que pueda identificarse totalmente con nosotros. Entonces, ¿cómo hizo tantos milagros? La respuesta está en los versículos de Lucas: Por el poder del Espíritu Santo.

En el bautismo de Jesús, el Espíritu Santo descendió sobre Él y a partir de allí comenzó su ministerio. Sin el Espíritu Santo no hubiera sido posible su obra total y perfecta. Cuando lees los evangelios, concluyes que el Espíritu actuó en Él permanentemente.

Por medio del Espíritu fue llevado al desierto para ser tentado por el diablo. Era necesario pasar por esa prueba. Salió victorioso usando la Palabra de Dios contra Satanás. Después de la tentación volvió a Galilea a comenzar su ministerio “en el poder del Espíritu”. Pedro dice que todas las obras de Cristo las hizo porque fue ungido por el Espíritu de Dios. “Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo y con poder, y Él anduvo haciendo el bien y sanando a todos los que estaban oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.” (Hechos 10:38).

Todo esto tiene sentido para nosotros porque el mismo Señor dijo que nosotros haríamos “mayores obras” que Él (Juan 14:12). ¿Mayores en calidad? No, el Espíritu es el mismo. ¿Mayores en cantidad? Por supuesto. La Iglesia de Cristo ha sido usada por Dios a través del poder del Espíritu Santo por más de dos mil años para cumplir la misión que Jesús le encomendó.

Hoy, el mismo Espíritu Santo que estuvo en Jesús está en nosotros. Nos da poder para vencer las tentaciones, nos impulsa para hacer la voluntad del Padre, nos da sabiduría para tomar buenas decisiones y nos capacita con poder sobrenatural para hacer la obra.

Necesitamos hacer lo mismo que hizo Jesús, despojarnos de nosotros mismos y darle lugar al Espíritu Santo en nuestra vida. Comienza tu día estrechando tu relación con el Espíritu Santo y antes de acostarte, dale gracias por todo, porque la diferencia la ha hecho Él en ti.

Cortesía Pastor Pablo Giovanini
Libro de devocionales «Tiempos de Refrigerio»
Adquiera el libro en Amazon

compartir por messenger
compartir por Whatsapp