Querido Padre celestial, te damos gracias que el Salvador ha estado con nosotros en la tierra y que todavía hoy en día le pedimos seguir y esperar por tu voluntad y soberanía. Porque tú eres el Dios Altísimo y tu reino debe venir, tu voluntad se debe hacer, y se deben cumplir todas tus promesas. Lleva a cabo tu voluntad, te lo pedimos y rogamos. Establece tu reino entre las naciones, aunque hoy sea posible solamente en pocas. Porque por medio de tu obra, los corazones se pueden cambiar, para que tu nombre sea alabado y todas las promesas se cumplan. Gracias a ti por permitirnos vivir en tal esperanza grandísima. Quédate con nosotros en nuestro trabajo en la tierra, para que se haga a tu servicio. En cada situación, profundiza nuestro anhelo para que venga el Salvador a establecer tu reino. Acompáñanos durante la noche y bendícenos con tu gran bondad y fidelidad. Amén.

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