Señor, nuestro Dios y Padre, te damos gracias que entre toda la miseria y noche en la tierra, tú has dejado amanecer tu esperanza como una luz que brilla para todo tu pueblo; todos los que honran tu nombre, a todos los que viven en Cristo Jesús por medio del perdón de los pecados y la resurrección a una nueva vida. Alabado sea tu nombre. Alabado sea Cristo Jesús. Alabado sea el Espíritu Santo, porque da consuelo, enseña y guía a nuestros corazones. Oh Padre en los cielos, nunca podemos agradecerte suficientemente que se nos permita ser un pueblo lleno de gracia, esperanza y confianza de que al final venga tu reino para traer salvación y paz al mundo entero. Amén.

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