“También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar… ¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles? Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?” Lucas 18:1,7-8.

Jesús nos conoce. Sabe que hay momentos en que comenzamos a descuidar nuestra vida de oración. Por eso nos dejó esta parábola. A través de ella nos cuenta el caso de un juez malo que le hace justicia a una viuda que le pedía ayuda de manera insistente. Para no escucharla más le concedió su petición. La reflexión de Jesús es: Si un juez malo le hizo justicia a esta mujer, ¡cómo Dios, el juez bueno y justo, no responderá la petición de sus hijos amados!

También añadió algo muy importante: No es cuestión de hacer una oración y ya está… Esa actitud no manifiesta compromiso ni interés en lo que Dios puede hacer. El Señor quiere ver que nuestra fe está puesta en Él y que estamos dispuestos a perseverar hasta que llegue su respuesta.

Recordemos lo que nos dice Santiago 1:6-7: “Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor.” Si somos inconstantes en la oración, no deberíamos esperar nada del Señor.

Persevera en la oración, mantente firme y creyendo que la respuesta está en camino. A veces hay situaciones espirituales que no conocemos como le pasó a Daniel. Tres semanas orando sin cesar, sin abandonar su petición. Dios había enviado la respuesta en el mismo momento que comenzó su oración, pero una lucha espiritual la detenía. Tres semanas después, esta respuesta llegó a Daniel. “Entonces me dijo: Daniel, no temas; porque desde el primer día que dispusiste tu corazón a entender y a humillarte en la presencia de tu Dios, fueron oídas tus palabras; y a causa de tus palabras yo he venido”. Daniel 10:12.

El mensaje final del Señor en esta parábola es: “Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?” La pregunta nos anima al autoexamen. Que nuestra vida de oración y comunión con el Padre fortalezcan nuestra fe y nos mantengan firmes hasta el final.

Cortesía Pastor Pablo Giovanini Iglesia Cristiana Renacer Lynn

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