“Que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor. Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre”. Lucas 2:11-12.

Todos los adornos y luces de este tiempo de fiestas nos deberían recordar el verdadero motivo de la celebración: ¡Jesús nació para darnos vida eterna! Todos nacimos en pecado y estábamos alejados de Dios, pero Él en su infinito amor envió a su Hijo Amado para salvarnos.

Cuando celebramos Navidad tenemos la imagen de Jesús bebé, acostado en un pesebre, envuelto en pañales, sin embargo, Él no vino para que lo recibamos como un bebé indefenso, sino como el Salvador de la humanidad.

La imagen de Jesús bebé nos recuerda que, siendo Hijo de Dios, Eterno y Todopoderoso, se hizo hombre para ser semejantes a nosotros. “El cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.” (Filipenses 2:6-8).  Era la única manera de tomar el lugar que nos correspondía a nosotros en la cruz y que nuestros pecados fueran perdonados.

¡Qué paradoja! El eterno Hijo de Dios se hace hombre mortal, el Infinito Dios se hace finito, el glorioso Señor se despoja a sí mismo para hacerse siervo y morir crucificado. Esta contradicción sorprendió a su propio pueblo que esperaba un Mesías libertador inmortal e invencible. Demasiado vulnerable para el pensamiento hebreo.

Pero para los humildes como Él, para los que reconocen que son pecadores, para los que no se justifican a sí mismos, para los que se rinden a Él, se manifiesta resucitado, con gloria y poder, Soberano, Señor del universo, Dueño de todo.

Hoy, en medio de tanta parafernalia que intenta desviar nuestra atención del Señor, decidamos hacer de Jesús la prioridad en esta Navidad. Celebremos lo que vino a hacer por nosotros. Alegrémonos por ser sus hijos y por el regalo de la vida eterna.

Cortesía Pastor Pablo Giovanini Iglesia Cristiana Renacer Lynn

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