Señor Dios, te damos gracias por darnos luz aquí en la tierra, donde a menudo está totalmente oscuro. Pero en las tinieblas resplandece el nombre de Jesucristo como la palabra profética: «Reciban consuelo. ¡Después de la oscuridad viene la luz, después de la noche, el día!». Te damos gracias por esta luz. Te agradecemos con alegría, porque hemos experimentado que Jesús vive y acude al encuentro de cada persona, dándole la victoria sobre los poderes del enemigo. En el nombre de Jesucristo, y solo en su nombre, te pedimos recordar las necesidades de nuestro tiempo. No queremos nada que venga de nosotros mismos, no queremos ninguna paz terrenal. Queremos tu paz, Señor Dios; la paz que todo lo hace nuevo, que nace de nuevo aun en el sufrimiento, para la gloria eterna de tu nombre. Amén. Christoph Friedrich Blumhardt

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