Amado Padre que estás en el cielo, eres nuestro refugio en este día y en cada día por venir, tócanos con el dedo de tu poder. Protégenos y defiéndenos de todo ataque de las tinieblas. Cuando la gente salga de las tinieblas y acuda a ti, haz que sus ojos brillen intensamente con la luz de tu mirada. Que tu luz alumbre nuestro interior y nuestro alrededor. Que tu luz lleve tu causa a la victoria, al grandioso día final de Jesucristo. Amén. Christoph Friedrich Blumhardt

compartir por messenger
compartir por Whatsapp