“Te ruego, oh Jehová, esté ahora atento tu oído a la oración de tu siervo, y a la oración de tus siervos, quienes desean reverenciar tu nombre; concede ahora buen éxito a tu siervo, y dale gracia delante de aquel varón”. Nehemías 1:11.

Dios había puesto una carga espiritual muy grande en Nehemías por su pueblo. Estaba a cientos de kilómetros de Jerusalén, su ciudad y la de sus padres, y había escuchado sobre la vergüenza y sometimiento en que vivían sus compatriotas; entonces nació en él el deseo de reconstruir las murallas para dignificar otra vez la ciudad que Dios había elegido para manifestar su presencia. Después de orar confesando sus pecados y recordar las promesas divinas, le pidió a Dios que le dé buen “éxito” ante el rey de Persia para poder llevar adelante su travesía.

En nuestro contexto contemporáneo, la palabra éxito se relaciona con los deseos que provienen del sistema del mundo. Se dice que alguien es exitoso por su popularidad, fama, riqueza, influencia que ejerce, entre otras cosas. Sin embargo, leemos en la Biblia que una persona puede terminar en la condenación eterna aun con todo ese “éxito”.

La palabra “éxito” en hebreo es tsalakj que significa: “empujar hacia adelante, acometer, lograr, prosperar, ser bueno, servir” y está en concordancia con lo que Dios dice, desea, ordena y anhela para sus hijos. Nehemías le pidió a Dios que lo ayude para que los planes que había puesto en su corazón se pudieran llevar adelante según su voluntad. Él siempre estuvo sujeto al Señor, obediente a su Palabra, sumiso a la dirección del Espíritu de Dios, firme en cumplir las ordenanzas divinas. ¡Cómo Dios no le iba a conceder éxito en su tarea si estaba siendo dirigido por Él!

Los que obedecen lo que Dios ordena no son considerados exitosos por el mundo, sin embargo, en la gloria eterna tienen una herencia y recompensa indescriptibles. Dios elogia a los humildes, a los mansos, a los perdonadores, a los generosos, a los compasivos, a los que dan su vida por el mensaje del evangelio.

La mejor forma de explicar con otras palabras el éxito a los ojos de Dios, es recordando lo que Jesús nos dirá cuando hayamos pasado por su tribunal: “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu Señor”. (Mateo 25:23). De la mano del Señor, tenemos el verdadero éxito asegurado.

Cortesía Pastor Pablo Giovanini Iglesia Cristiana Renacer Lynn

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