“Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.” Filipenses 4:19.

Fíjate como empieza este versículo: “Mi Dios”. Pablo puede hacer esta tremenda aseveración porque conoce muy bien al Dador. Es “mi” Dios, a quien sirvo, con quien me relaciono ininterrumpidamente, el que me provisto tantas veces y lo seguirá haciendo debido a su eterna fidelidad.

El apóstol Pablo estaba preparado para todo: “En todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad”. Fil. 4:12. Ni las necesidades ni la abundancia le hacían perder su dependencia de Dios. Su vida estaba completamente rendida a Él y sabía que si algo le faltaba, el Señor lo supliría.

La palabra suplir en griego es pleróo, que significa “repleto, cubierto por encima, satisfacer, llenar, completar”. ¡Aleluya! La medida con la que Dios suple a sus hijos está más allá de lo que podemos imaginar. Como nuestro Padre, Él asume la responsabilidad de satisfacer nuestras necesidades a su manera y en su tiempo.

“Conforme a sus riquezas en gloria”. Esta frase enfatiza la suficiencia de la provisión de Dios. No hay limitaciones para Él; todo le pertenece. No existe la posibilidad de que cuando lleguemos pidiendo ayuda, el Señor haya distribuido todas las bendiciones que tenía disponibles y ya no haya provisión para nosotros.

Cuando aceptamos a Jesús como nuestro Salvador y Señor, quedamos bajo el maravilloso amparo de su protección y cuidado. Si diariamente ponemos nuestra confianza en Él, podemos estar seguros de que proveerá para todas nuestras necesidades.

El Señor nos invita a descansar en Él y a vivir en la seguridad de su fidelidad.

Cortesía Pastor Pablo Giovanini Iglesia Cristiana Renacer Lynn

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