“Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo”. Gálatas 1:10.

Podríamos intentar poner a Pablo frente al dilema de agradar a los hombres o agradar a Dios y esta decisión nunca sería un problema para él. Siempre vivió para servir a Dios y agradarlo solo a Él.

Los hermanos de Galacia estaban apartándose de la gracia y volviéndose a guardar la Ley de Moisés creyendo que así obtendrían la salvación. Entonces Pablo les dice claramente que quien sigue “otro evangelio” diferente al de la gracia de Cristo, sea maldito. ¿Por qué es tan contundente? Porque quiere agradar a Dios antes que a los hombres.

La palabra “agradar” en griego es aresko y significa “complacer a otros con emoción”, “adaptarse a las opiniones y deseos de otros para complacerlos”. Por supuesto el apóstol jamás iba a complacer a los que seguían sus propios caminos, falsas enseñanzas o torcían la Palabra de Dios. Pablo sabía a quién iba a rendirle cuentas. Fíjate cómo lo dice: “Sino que según fuimos aprobados por Dios para que se nos confiase el evangelio, así hablamos; no como para agradar a los hombres, sino a Dios, que prueba nuestros corazones”. (1 Tesalonicenses 2:4).

No está mal agradar a los que amamos, a los hermanos en la fe, a los que necesitan del Señor. El apóstol Pablo también lo hacía. El problema radica en poner a Dios en segundo lugar para no perder ciertos beneficios otorgados por los hombres, como aceptación, estima, compañía, seguridad, dinero, bienes materiales, reconocimiento, y la lista sigue.

Cuando entendemos que el Señor es todo para nosotros, que nos ha dado vida eterna y abundante, que nos delegó autoridad para vivir en victoria, que además nos colma de bendiciones, pero por sobre todas las cosas que es nuestro Padre, Señor y Rey, entonces tendremos la misma convicción que el apóstol: «Si no agradara a Dios, no sería siervo de Cristo».

¿A quién estás sirviendo? ¿Eres un siervo del Señor o un sirviente de los demás? ¿De quién estás buscando aprobación? No hay mayor gozo para un hijo de Dios que agradar a su Padre Celestial, ahora y por la eternidad. ¡Que mi vida entera sea agradable a ti Señor!

Cortesía Pastor Pablo Giovanini
Iglesia Cristiana Renacer en Lynn, MA

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