“La reina, por las palabras del rey y de sus príncipes, entró a la sala del banquete, y dijo: Rey, vive para siempre; no te turben tus pensamientos, ni palidezca tu rostro. En tu reino hay un hombre en el cual mora el espíritu de los dioses santos…. Llama ahora a Daniel, y él te dará la interpretación.” Daniel 5:10-12.

El rey Belsasar estaba espantado. No era para menos. Una mano comenzó a escribir en la pared del salón donde celebraba una fiesta mientras todos “bebían vino, y alababan a los dioses de oro y de plata, de bronce, de hierro, de madera y de piedra” (v.4). Y para complicar más la situación, habían traído los vasos y utensilios del Templo de Jerusalén que le pertenecían a Jehová para dedicarlos a los dioses babilónicos.

Nadie en el reino pudo entender esa escritura y mucho menos interpretarla. La confusión se había apoderado de todos en el recinto y el jolgorio se cambió en desesperación. De pronto la reina madre, que había sido testigo de primera mano de los sucesos extraordinarios en días de Nabucodonosor, mencionó que había alguien que podía resolver el misterio.

“¡Hay un hombre!”. Sí, era de carne y hueso. Tal vez en el reino de Belsasar ya no tenía una posición política, pero nadie podía quitarle su posición espiritual. “¡En él mora el espíritu de los dioses santos!” La reina no había realizado ningún curso de teología para poder definir el espíritu de Daniel, sin embargo, sabía que el poder y la capacidad de este hebreo provenían de un Dios Santo, muy diferente a los dioses que ellos veneraban.

Entonces trajeron a Daniel delante de esos “fiesteros” turbados y paralizados por el miedo, y sin buscar ser políticamente correcto, interpretó el mensaje para el rey. La escritura en la pared dice: “Contó Dios tu reino, y le ha puesto fin. Pesado has sido en balanza, y fuiste hallado falto. Tu reino ha sido roto, y dado a los medos y a los persas.” (Vs. 26-28). Esa misma noche Dios cumplió su palabra, mataron al rey y Darío tomó su lugar.

El Dios Santo sigue manifestando su poder al mundo a través de hombres y mujeres que estén dispuestos a dar Su palabra sin importar a quienes tengan delante. Las “fiestas” en nuestros días siguen exaltando todo lo que Dios llama pecado, pero toda práctica que se haga fuera de sus términos llegará a su fin. Cada persona rendirá cuentas a Dios por lo que haya hecho, y solo Él determinará su futuro: Una eternidad de gozo perpetuo a su lado, o condenación eterna en el lago de fuego y azufre.

Dios sigue usando a sus “Danieles” para que sean portadores de un mensaje de amor y misericordia mientras dure el tiempo de su gracia. Que hoy alguien pueda ver en ti al Dios Santo, el único que tiene la respuesta para nuestro mundo en crisis.

Cortesía Pastor Pablo Giovanini
Iglesia Cristiana Renacer en Lynn, MA

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