“¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra.  Mi carne y mi corazón desfallecen; mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre”. Salmo 73:25-26.

Asaf era un adorador permanente en Jerusalén. No se había ofrecido como voluntario para estar en el ministerio de alabanza y adoración, sino que estaba consagrado y dedicado al servicio del Señor todos los días de su vida. Sin embargo, como hombre, tenía debilidades y temores.

Debemos estar agradecidos con Asaf por ser tan sincero al hablar de sus sentimientos. En este Salmo menciona que muchas veces su cuerpo y su alma parecían “desfallecer”. Esta palabra en hebreo es kalá que significa “acabar, cesar, decaer, desmayar, desvanecer, marchitar, secar”. Muchas veces se sintió frustrado por lo que veía y fue impactado física y emocionalmente. Sin embargo, volvía a levantarse porque amaba a Dios más que a nada. Para el salmista su bien era estar cerca del Señor.

De él también podemos aprender que nuestra mirada debe elevarse a los cielos. Si solo miramos las circunstancias que nos presionan, el diablo ganará ventaja. Recordemos que Satanás busca debilitarnos para tener oportunidad de dañarnos.

También el escritor del Salmo 121 nos dice que debemos alzar nuestros ojos al cielo cuando nos sentimos desfallecer: “Alzaré mis ojos a los montes; ¿de dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra”. (vs.1-2). Su ayuda no vendría de los “montes”, sino del que creó los montes y todo lo que hay en el cielo y en la tierra.

Si te sientes decaído, puede ser que ni siquiera tengas fuerzas para susurrar una oración, pero aunque no puedas pronunciar una palabra, te animo a levantar tus ojos al cielo y hablarle a Jesús en tu espíritu. Solo dile: “Señor, ayúdame. Esto es demasiado para mí. No puedo hacer nada excepto poner mi fe en ti. Confío que vendrás en mi ayuda”.

Asaf termina el Salmo 73 con estas palabras: “Pero en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien; he puesto en Jehová el Señor mi esperanza…” (v.28).

Cortesía Pastor Pablo Giovanini
Iglesia Cristiana Renacer en Lynn, MA

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