“Porque Jehová es excelso, y atiende al humilde, mas al altivo mira de lejos. Si anduviere yo en medio de la angustia, tú me vivificarás”. Salmo 138:6-7a.

David conocía a Dios porque tenía una relación personal y diaria con Él. Podía dar testimonio de su grandeza, pero también de sus intervenciones en los momentos difíciles de su vida. Dios sabe “atendernos” en medio de nuestras necesidades.

La palabra hebrea para “atender” es raá y significa “ver, considerar, levantar, proveer, visitar”. Nosotros usamos mucho esta palabra cuando necesitamos ayuda de un profesional médico o consejero. Decimos: “Hoy mi doctor me puede atender”, o por el contrario, “está ocupado, no me puede atender”. Por supuesto como humanos solo podemos estar en un lugar a la vez, sin embargo, Dios es omnipresente, está disponible para todos sus hijos al mismo tiempo.

El apóstol Pedro lo expresó de esta manera: “Porque los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a sus oraciones”. (1 Pedro 3:12a). Dios está atento a cada una de nuestras palabras y con toda seguridad atenderá a nuestras súplicas, pero debemos ir a Él con humildad. En el Salmo leemos que “Dios atiende al humilde”, al que dejó su arrogancia y soberbia para someterse a Dios. El que es humilde está dispuesto a obedecer y a darle la gloria al Señor por todo lo que haga.

Por el contrario, el altivo, el orgulloso, el que se eleva por encima de los demás y hasta de Dios mismo, no es atendido por Él. El Señor lo “mira de lejos”, simplemente observa lo que hace, lo deja a su libre albedrio, con la esperanza de que su corazón cambie y decida acercarse a Él.

Cuando atravesamos momentos de angustia podemos ir a Dios con humildad para que nos fortalezca y renueve. El Señor nos atenderá siempre, en toda circunstancia nos mostrará su fidelidad.

Cortesía Pastor Pablo Giovanini
Iglesia Cristiana Renacer en Lynn, MA

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