“Y como insistían en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella. Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros…” Juan 8:7,9a.

Jesús experimentó en carne propia la condenación. Lo condenaron por no guardar el sábado, por manifestar que era el Hijo de Dios, por decir que era preexistente a Abraham, por denunciar a los hipócritas, por hacer el bien y estar en contra del status quo religioso. Así que Jesús sabe lo que se siente cuando eres acusado verbalmente y condenado en el corazón. Claro, la gran diferencia está en que Jesús nunca pecó.

Pero Jesús no vino a acusar al pecador, sino a salvarlo. “Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.” (Juan 3:17). Cuando los religiosos que buscaban tentar a Jesús para acusarle escucharon sus palabras, dejaron caer las piedras y se marcharon, solo quedaron la mujer y el Maestro. Entonces el Señor se acercó y le dijo: “Ni yo te condeno; vete, y no peques más.” (V.11).

La ley condena. Jesús salva. La ley es como un termómetro que solo sirve para “medir la fiebre”; solo el Señor puede curarnos. Cuando nos acercamos a Él y manifestamos verdadero arrepentimiento, perdona todos nuestros pecados y nos asegura que ya no pesa sobre nosotros ninguna condenación. “¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.” (Romanos 8:34).

¡Eres libre por su sacrificio! No dejes que pensamientos condenatorios o acusaciones de los demás te hagan retroceder. Tu fe en Cristo te ha salvado.

“Por lo tanto, ya que fuimos declarados justos a los ojos de Dios por medio de la fe, tenemos paz con Dios gracias a lo que Jesucristo nuestro Señor hizo por nosotros. Debido a nuestra fe, Cristo nos hizo entrar en este lugar de privilegio inmerecido en el cual ahora permanecemos, y esperamos con confianza y alegría participar de la gloria de Dios.” Romanos 5:1-2.

Cortesí­a Pastor Pablo Giovanini
Iglesia Cristiana Renacer en Lynn, MA