“Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella.” Génesis 3:6

Hola, soy Eva. Sí, la esposa de Adán. Mientras mi marido salió a buscar algo para comer, yo sigo añorando esos días en que vivíamos en el Huerto del Edén. ¡Qué tiempos maravillosos! Vivíamos con el máximo gozo que se pueda experimentar. No teníamos miedos, no había intranquilidad ni incertidumbre acerca del futuro. Nuestra relación con Dios era perfecta.

Pero ahora… Ay, no quiero recordarlo. ¡Por qué le hice caso a esa serpiente! Desobedecer a Dios fue lo peor que nos pasó. El mismo diablo me habló a través de ese animal y yo no me di cuenta. Me dijo que Dios nos estaba ocultando la verdad y le creí. De pronto, el fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal me pareció más apetitoso que el resto de los frutos. Lo seguí mirando y pasó lo peor: lo codicié. Ese fue mi primer pecado, desobedecí la prohibición de Dios, y Adán hizo lo mismo que yo. A partir de ese momento todo cambió para mal.

Después de lo que hicimos, creo que merecíamos la muerte instantánea. Dios había sido claro: “el día que de él comiereis, moriréis”. Sin embargo, es tan grande su amor que nos permitió vivir; y además nos hizo una promesa: un día nos iba a redimir a través de uno de nuestros descendientes. Pero mientras tanto, íbamos a sufrir las consecuencias de nuestra desobediencia.

Si en el futuro alguien lee esta carta le diría que no desobedezca a Dios, tiene un final trágico. La codicia es mortal, te lleva a desear lo prohibido, lo que no te conviene. Lo que te diga el diablo siempre es mentira. Nunca vas a poder escapar de las consecuencias del pecado. El sentimiento de culpa y la vergüenza de haber defraudado a Dios es terrible.

No permitas que nada te aparte de Él. Si no está Dios en tu vida, en realidad no tienes nada. Yo lo descubrí cuando ya era tarde. Si de alguna manera te sientes débil o estás siendo tentado, acude a Dios, Él es el único que puede ayudarte. Escucha su voz y obedece sus palabras, entonces estarás seguro y el diablo no podrá robarte nada.

Cortesía Pastor Pablo Giovanini
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