“Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo.” 1 Juan 4:4

“¡Ay… qué difícil está el mundo! ¡Cuántas tentaciones…!” “¡La carne es débil, siempre me vence…!” “¡Es imposible luchar contra tanta presión…!” Tal vez hayas escuchado alguna de estas frases en la boca de algún cristiano, es más, tal vez las hayas dicho en alguna oportunidad. Pero, ¿es verdad que no podemos contra las presiones y tentaciones que nos ofrece el mundo?

No, bíblicamente no es cierto. A pesar de nuestras debilidades, la Palabra dice que somos poderosos en Cristo para ser vencedores. En la cruz Jesús venció al diablo, y todo aquel que aceptó a Cristo como su Salvador y Señor recibió autoridad para deshacer toda obra de maldad. El secreto no está en nuestras capacidades, valor, esfuerzo o convencimiento personal. El poder radica en Quién está “en” nosotros. ¡Aleluya!

Antes de ascender a los cielos, Jesús les dijo a sus discípulos que les convenía que Él se fuera porque les enviaría una ayuda extraordinaria: el Espíritu Santo. “Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré” (Juan 16:7). A partir del descenso del Espíritu Santo en Pentecostés (Hechos 2), el Consolador habita en cada hijo de Dios. Observa esta declaración de Jesús: “El Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros” (Juan 14:17). El mismo Dios está morando en nuestro espíritu, por eso es posible la victoria sobre el diablo y el mundo.

Pero el problema se presenta cuando en lugar de resistir al diablo y obedecer a Dios, comenzamos a coquetear con la tentación hasta caer en las trampas que el enemigo nos pone. No debemos olvidar que el diablo persigue nuestra destrucción, pero el Señor solo quiere lo mejor para nuestra vida. Por eso, si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonarnos y limpiarnos de toda maldad (1 Juan 1:9).

La victoria es nuestra si realmente ponemos nuestra fe en el Señor. “Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?” (1 Juan 5:4-5). No hay ninguna presión que sea más fuerte que el poder de Cristo. No hay ninguna tentación que el mismo Señor no nos ayude a vencer.

Necesitamos comenzar nuestro día conectados con el Espíritu Santo y ser obediente a su guía. Cuando vengan las presiones, no olvides que ¡mayor es el que está en nosotros, que el que está en el mundo!

Cortesía Pastor Pablo Giovanini
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