“Porque, ¿qué es más fácil, decir: Los pecados te son perdonados, o decir: Levántate y anda?” Mateo 9:5.

En cierta ocasión, cuatro amigos trajeron a un paralítico para que Jesús lo sanara. Como no podían pasar la cama por la puerta debido a la multitud, decidieron hacer un agujero en el techo y bajarlo por allí. De pronto, el paralitico se encontraba cara a cara con Jesús. ¿Qué haría el Maestro? Conociendo al Señor lo sanaría… Pero le dice: “Tus pecados te son perdonados”. Todos se quedaron en silencio por unos segundos y de repente se escuchó un murmullo: “¿Cómo….? ¿Qué dijo…?” Sí, lo que escucharon. No lo sanó inmediatamente, sino que le perdonó sus pecados.

Entonces comenzaron a mirarse unos a otros y a acusar a Jesús de blasfemo. “¡Solo Dios puede perdonar pecados!” En ese momento Jesús los interrumpe y les pregunta: “¿Qué es más fácil, decir: Tus pecados te son perdonados, o levántate y anda?” Imagino a algunos cabizbajos y a otros mirando hacia el agujero en el techo. “Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (le dice al paralítico): Levántate, toma tu cama, y vete a tu casa.” (v. 6). ¡Y el paralitico se levantó y comenzó a caminar! ¡Aleluya!

Jesús primero perdonó los pecados del paralitico y después lo sanó. Primero atacó la raíz de todos los problemas quitando el pecado del medio. El Señor dejó claro que el perdón de pecados es más importante que la sanidad. De nada sirve tener la mejor salud del mundo y perdernos en el infierno. En el Salmo 103:3 leemos: “Él es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias”. Primero nos perdona y después sana nuestras dolencias. Está claro el orden de prioridades.

Jesucristo es el mismo, ayer, hoy y por los siglos, y sigue haciendo milagros. Pero primero es el Salvador, el que nos reconcilia con el Padre, el que nos da vida nueva y nos adopta como hijos de Dios. Siempre estaremos agradecidos al Señor por los milagros que hace en nuestra vida, pero no olvidemos que la obra más grande que se llevó a cabo en la cruz fue el perdón de nuestros pecados.

“Quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras”. Tito 2:14.

Cortesía Pastor Pablo Giovanini
Libro de devocionales «Tiempos de Refrigerio»
Adquiera el libro en Amazon