“Los gobernantes, al ver la osadía con que hablaban Pedro y Juan, y al darse cuenta de que eran gente sin estudios ni preparación, quedaron asombrados y reconocieron que habían estado con Jesús”. Hechos 4:13 (NVI).

Allí estaban dos de los discípulos del Señor frente a los sabios religiosos que los intimidaban para que no hablaran más de Jesús. ¡Imposible! ¡Cómo iban a dejar de decir lo que habían visto y oído! Pedro dio un sermón tan poderoso que esta gente quedó maravillada y solo pudieron exclamar: “Han estado con Jesús…”

Pedro y Juan no sobresalían por su educación secular, por pertenecer a la alta sociedad, o venir de familias de renombre. No, nada que destacar humanamente hablando. Pero la gran diferencia en sus vidas la había hecho la persona con quien habían estado los últimos tres años y medio. Se habían relacionado tan estrechamente con el Hijo de Dios que habían asimilado sus palabras, su forma de mirar a las personas, su sentir, y tal vez hasta su vocabulario. Pero además fueron llenos del Espíritu Santo para ser sus testigos.

Cuando un discípulo ha estado con Jesús se nota en su manera de hablar. Sus palabras son dichas con autoridad. Después que Pedro y Juan sanaran al paralítico, los religiosos judíos le preguntaron: “¿Con qué potestad, o en qué nombre habéis hecho vosotros esto? ¡En el nombre de Jesucristo de Nazaret!  (vs. 7,10). Ahí radica la autoridad.

Un discípulo que ha estado con Jesús manifiesta convicciones firmes. Nadie quebranta su fe porque sabe en Quién ha creído. “Sepan, pues, todos ustedes y todo el pueblo de Israel que… Jesucristo es la piedra que desecharon ustedes los constructores, y que ha llegado a ser la piedra angular” (vs. 10-11).

Un discípulo que ha estado con Jesús está dispuesto a todo por amor al Señor, incluso a perder su propia vida. Pedro y Juan fueron muy contundentes ante la intimidación de las autoridades religiosas: “Juzgad si es justo delante de Dios obedecerlos a vosotros antes que a Dios…” (v. 19). No había manera de atemorizarlos.

Un discípulo que ha estado con Jesús tiene un mensaje claro que transmitir. “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (v. 12). Jesús es el único camino a Dios. Final de la discusión. Lo aceptas o lo rechazas. El mensaje no se negocia.

Necesitamos la autoridad, las convicciones firmes y la disposición que tenían los primeros discípulos de Jesús para transmitir lo que Cristo vino a ofrecer al mundo.

Jesús cambió sus vidas para siempre, ¿ha transformado la tuya?

Cortesía Pastor Pablo Giovanini
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