“Asidos de la palabra de vida, para que en el día de Cristo yo pueda gloriarme de que no he corrido en vano, ni en vano he trabajado” Filipenses 2:16.

Imagina que estás en un pequeño barco en medio de una tempestad. Cuando el barco comienza a sacudirse de un lado al otro, ¿qué es lo primero que harías? ¡Sujetarte, por supuesto! ¿De dónde? De tu cartera, de tu chaqueta. No… de algo seguro y firme.

Como cristianos, vamos a atravesar tormentas, por eso es muy importante saber a qué debemos sujetarnos para que nuestra fe permanezca firme. El apóstol Pablo nos dice que debemos estar siempre “asidos de la palabra de vida”. El vocablo “asido” en griego es epéjo que significa “aferrarse, retener; prestar atención, atento”.

No podemos asirnos a lo que cambia constantemente, tampoco a personas que hoy pueden prometernos seguridad y mañana terminan alejándose de nosotros en nuestros momentos de necesidad. Solo hay una Fuente de confianza verdadera, y es la Palabra de Dios que permanece para siempre (1 Pedro 1:25). Por eso nuestra fe debe estar anclada a lo que dijo Dios.

No sé si conoces el viejo himno que dice:

Todas las promesas del Señor Jesús

Son apoyo poderoso de mi fe;

Mientras luche aquí buscando yo su luz,

Siempre en sus promesas confiaré.

Grandes, fieles, las promesas que el Señor Jesús ha dado,

Grandes, fieles, en ellas para siempre confiaré.

Aférrate a la Palabra de Dios, lee la Biblia diariamente, atesorarla en tu corazón y en tu mente memorizándola, porque durante tus tormentas, el Espíritu Santo te recordará las promesas que Dios te hizo y que siempre cumple, porque son en Él ¡sí, y Amén! (2 Corintios 1:20a).

Cortesía Pastor Pablo Giovanini
Libro de devocionales «Tiempos de Refrigerio»
Adquiera el libro en Amazon