“Y curan la herida de mi pueblo con liviandad, diciendo: Paz, paz; y no hay paz. Así dijo Jehová: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma.” Jeremías 6:14,16.

Aproximadamente hace 2,640 años que Jeremías escribió estos versículos y el problema sigue siendo el mismo: falta de paz con Dios, con el prójimo y con uno mismo por seguir nuestros propios deseos y ambiciones e ignorar a Dios.

¿Qué puede hacer el hombre para tener paz? Las propuestas son múltiples si investigas en internet. Es más, puede que entres a muchas páginas de contenido religioso y veas ofertas semejantes a las que había en tiempos de Jeremías, por ejemplo, una “curación con liviandad”. ¿Qué significa esto? Un “remedio” presentado en un frasco atractivo con un aroma agradable, pero ineficaz. Un medicamento placebo, que parece tratar el problema, pero que en realidad no tiene propiedades curativas. Te dicen: “Proclama que tendrás paz y la tendrás”, “confiesa que los problemas no existen y te sentirás mejor”, “encuentra la salvación dentro de ti”. Ay, ¡cuánto placebo!

Vayamos al remedio verdadero. Dios dice: “Párate en el camino”. Detente en tu búsqueda. Para de buscar en internet o chequear las redes. No te confundas más con tantas propuestas que curan con liviandad. Solo hay una salida. Dios dice: “Mira y pregunta por el buen camino y anda por él”. El camino a la paz verdadera es un camino antiguo, pero que no perdió su eficacia.

Necesitamos empezar por el principio, renovando nuestra relación con el Señor. Nuestro tiempo de oración con Él nos da la oportunidad de escuchar al Espíritu Santo afirmándonos las promesas divinas. Cuando volvemos a tomar la Biblia para hacerla nuestro alimento diario, volvemos a recordar las maneras en que Dios nos ama, nos cuida, nos lleva de su mano para cumplir sus propósitos. Incluso cuando nos reencontramos con nuestros hermanos en la fe, se renueva nuestra devoción y deseo de adorar a Dios. Esta “senda antigua” es el camino para que la paz vuelva a nuestra alma, lo demás es placebo.

“La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo”. Juan 14:27.

Cortesía Pastor Pablo Giovanini
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