“Oh Jehová, fortaleza mía y fuerza mía, y refugio mío en el tiempo de la aflicción” Jeremías 16:19a

Los rumores eran cada vez más fuertes. El ejército de Babilonia estaba preparándose para tomar Jerusalén. El profeta Jeremías ya lo había anunciado y ahora venía el cumplimiento de la profecía. Nadie quería arrepentirse de sus pecados, abandonar sus ídolos, dejar la corrupción, cada uno seguía su propio camino, y Dios quería corregir a su pueblo. No quedaba otra alternativa. Iban a caer bajo los babilonios.

Además, el pueblo rechazaba al profeta. Jeremías era despreciado y etiquetado de conspirador. Este hombre de Dios parecía no tener protección ni apoyo, no podía contar con nadie. Sin embargo, sabía de dónde vendría su ayuda en tiempos de aflicción: solo de Dios.

En el pasaje mencionado, Jeremías enumera los tres pilares sobre los que se sostiene su fe en tiempos de aflicción.

  1. “Fortaleza mía”. La palabra hebrea es maóz y hace referencia a un lugar fortificado preparado para la defensa. En tiempos antiguos elegían las rocas elevadas como lugares de protección. Ningún ataque enemigo podía prosperar mientras estuvieran en ese lugar. Para el profeta, Dios era su fortaleza. Si Alguien podía protegerlo era su Roca inamovible.
  2. “Fuerza mía”. El vocablo hebreo que usa el escritor se traduce como “fortificar, poderío, potencia, vigor”. Muchas veces Jeremías se sintió sin fuerzas para continuar. Es más, en su libro dice que prefería no haber nacido. Sin embargo, había un fuego santo dentro de su corazón que lo mantenía firme para continuar. ¡Tenía fuerza sobrenatural!
  3. “Refugio mío”. La palabra hebrea manós se refiere a “un lugar de retiro, una salida de escape”. ¡Cuántas veces estuvo a punto de morir en manos de sus propios hermanos! Sin embargo, Dios siempre lo protegió, siempre abrió una puerta de escape. ¡Dios siempre tiene una salida para el que confía en Él!

Debemos apropiarnos de estas verdades. Creerlas como Jeremías. ¿Te diste cuenta que a cada pilar espiritual le sigue la palabra “mío”? Si estás pasando por presiones, dificultades, aflicciones, tienes al Señor como tu fortaleza, tu fuerza y tu refugio. Que puedas decir hoy: El Señor es “mi” Dios.

Cortesía Pastor Pablo Giovanini
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