¿MAESTRO Y SEÑOR, O SEÑOR Y MAESTRO?

“Vosotros me llamáis Maestro y Señor; y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros”. Juan 13:13-14.

Jesús y los discípulos estaban reunidos para celebrar la Pascua y nadie dio el primer paso para lavar los pies de los demás como era costumbre. A Simón el celote no lo movieron sus fuertes impulsos. Tomás estaba dudando si hacerlo era conveniente. Judas estaba haciendo cálculos para ahorrar agua. Juan pensaba en recostarse sobre el pecho de Jesús bien lejos de sus pies, y Pedro tal vez estaría pensando que él no era el sirviente de nadie. Mientras se miraban unos a otros, Jesús tomó el lebrillo, la toalla y comenzó a hacer el trabajo sucio.

Después de terminar su lección objetiva, Jesús los miró a todos y les dijo: “Vosotros me llamáis Maestro y Señor; y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro…”. ¡Jesús cambió el orden de las palabras! Fue como decirles: “Ustedes me llaman Maestro y Señor y es verdad, porque lo soy, pero el orden es incorrecto. Ustedes siempre esperan que les enseñe lo que deben hacer, que les dé explicaciones del por qué deben servir. A ustedes les encantan mis enseñanzas, pero parece que no las ponen en práctica. Pues sepan que primero soy su Señor y después su Maestro. Primero les digo lo que deben hacer y después, si lo creo conveniente, les doy las explicaciones. Si son mis discípulos deben ser hacedores de la Palabra más que oidores. Si yo, el Señor y Maestro, les he servido, ustedes deben hacerlo también en obediencia a mi mandato”.

Esta enseñanza sigue siendo tan cierta como en esos días. Cada hijo de Dios debe tener claro que Él sigue siendo primero Señor y después Maestro. Un verdadero discípulo obedece a todo lo que Jesús le mande. Si Él dijo que debemos “amarnos unos a otros”, no hay excepciones. Si dijo: “Amarás al Señor tu Dios de todo corazón”, esto no significa amar más las cosas materiales que a Dios. Si dijo: “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y las demás cosas serán añadidas”, no podemos alterar el orden. Y si dijo que debemos perdonar a todo aquel que nos ofenda, no debemos esperar que primero nos explique por qué.

Te pregunto, ¿qué lugar ocupa el Señor en tu vida? ¿Es tu Señor? ¿Le obedeces sin cuestionamientos, quejas, o reproches? Si le hemos rendido todo nuestro ser al Rey de reyes y Señor de señores, nuestra voluntad debería estar sometida a Él. El Señor mismo nos enseñó que aun en las peores circunstancias debemos responder: “Hágase tu voluntad y no la mía”.

Cortesía Pastor Pablo Giovanini
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