El gran mandamiento

34 Entonces los fariseos, oyendo que había hecho callar a los saduceos, se juntaron a una. 35 Y uno de ellos, intérprete de la ley, preguntó por tentarle, diciendo: 36 Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? 37 Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. 38 Este es el primero y grande mandamiento. 39 Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 40 De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.

¿De quién es hijo el Cristo?

41 Y estando juntos los fariseos, Jesús les preguntó, 42 diciendo: ¿Qué pensáis del Cristo? ¿De quién es hijo? Le dijeron: De David. 43 Él les dijo: ¿Pues cómo David en el Espíritu le llama Señor, diciendo:

44 Dijo el Señor a mi Señor:

Siéntate a mi derecha,

Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies?

45 Pues si David le llama Señor, ¿cómo es su hijo? 46 Y nadie le podía responder palabra; ni osó alguno desde aquel día preguntarle más.

Reflexión: El amor que lo sostiene todo (Mateo 22:34–40)

Los fariseos intentaron poner a prueba a Jesús con una pregunta sobre cuál era el mandamiento más importante. La respuesta de Jesús fue clara y profunda: amar a Dios con todo nuestro ser y amar al prójimo como a nosotros mismos.

En estos dos mandamientos se resume toda la ley y los profetas, porque quien ama de verdad a Dios vivirá en obediencia y quien ama al prójimo reflejará la compasión y justicia de Dios. No se trata de reglas aisladas, sino de un corazón que late por amor y que transforma cada pensamiento, palabra y acción.

Hoy somos invitados a examinar nuestro amor: ¿amamos a Dios con todo lo que somos? ¿Amamos a quienes nos rodean con la misma medida que deseamos ser amados? Solo el amor verdadero nos hace cumplir la voluntad de Dios.

¡Dios te bendiga!