Jesús anda sobre el mar

45 En seguida hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a Betsaida, en la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud. 46 Y después que los hubo despedido, se fue al monte a orar; 47 y al venir la noche, la barca estaba en medio del mar, y él solo en tierra. 48 Y viéndoles remar con gran fatiga, porque el viento les era contrario, cerca de la cuarta vigilia de la noche vino a ellos andando sobre el mar, y quería adelantárseles. 49 Viéndole ellos andar sobre el mar, pensaron que era un fantasma, y gritaron; 50 porque todos le veían, y se turbaron. Pero en seguida habló con ellos, y les dijo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis! 51 Y subió a ellos en la barca, y se calmó el viento; y ellos se asombraron en gran manera, y se maravillaban. 52 Porque aún no habían entendido lo de los panes, por cuanto estaban endurecidos sus corazones.

Jesús sana a los enfermos en Genesaret

53 Terminada la travesía, vinieron a tierra de Genesaret, y arribaron a la orilla. 54 Y saliendo ellos de la barca, en seguida la gente le conoció. 55 Y recorriendo toda la tierra de alrededor, comenzaron a traer de todas partes enfermos en lechos, a donde oían que estaba. 56 Y dondequiera que entraba, en aldeas, ciudades o campos, ponían en las calles a los que estaban enfermos, y le rogaban que les dejase tocar siquiera el borde de su manto; y todos los que le tocaban quedaban sanos.

Reflexión: No temas, Yo soy (Marcos 6:45-56)

Este pasaje nos recuerda que, aunque los vientos sean contrarios y nuestras fuerzas parezcan agotarse, Jesús siempre está cerca. Mientras los discípulos remaban con dificultad, Él los veía, y en el momento perfecto caminó hacia ellos sobre el mar. Sus palabras fueron claras: “¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!”. Así es con nosotros: en medio de nuestras tormentas, Jesús se acerca para darnos paz, subir a nuestra barca y calmar el viento. Su presencia siempre transforma el miedo en confianza y la desesperación en fe.
¡Dios te bendiga!