La levadura de los fariseos

14 Habían olvidado de traer pan, y no tenían sino un pan consigo en la barca. 15 Y él les mandó, diciendo: Mirad, guardaos de la levadura de los fariseos, y de la levadura de Herodes. 16 Y discutían entre sí, diciendo: Es porque no trajimos pan. 17 Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Qué discutís, porque no tenéis pan? ¿No entendéis ni comprendéis? ¿Aún tenéis endurecido vuestro corazón? 18 ¿Teniendo ojos no veis, y teniendo oídos no oís? ¿Y no recordáis? 19 Cuando partí los cinco panes entre cinco mil, ¿cuántas cestas llenas de los pedazos recogisteis? Y ellos dijeron: Doce. 20 Y cuando los siete panes entre cuatro mil, ¿cuántas canastas llenas de los pedazos recogisteis? Y ellos dijeron: Siete. 21 Y les dijo: ¿Cómo aún no entendéis?

Un ciego sanado en Betsaida

22 Vino luego a Betsaida; y le trajeron un ciego, y le rogaron que le tocase. 23 Entonces, tomando la mano del ciego, le sacó fuera de la aldea; y escupiendo en sus ojos, le puso las manos encima, y le preguntó si veía algo. 24 Él, mirando, dijo: Veo los hombres como árboles, pero los veo que andan. 25 Luego le puso otra vez las manos sobre los ojos, y le hizo que mirase; y fue restablecido, y vio de lejos y claramente a todos. 26 Y lo envió a su casa, diciendo: No entres en la aldea, ni lo digas a nadie en la aldea.

Reflexión: Ver con el corazón (Marcos 8:14-26)

Jesús advierte a sus discípulos sobre la “levadura de los fariseos”, símbolo de la hipocresía y la incredulidad que pueden corromper la fe. Ellos, sin entender, pensaban en pan, cuando Jesús hablaba de algo mucho más profundo: el corazón endurecido que impide ver con claridad. Luego, al sanar al ciego en Betsaida, nos muestra que a veces la visión espiritual llega por etapas, hasta que finalmente vemos con claridad. Este pasaje nos invita a pedir a Jesús que abra nuestros ojos y ablande nuestro corazón para comprender su verdad.
¡Dios te bendiga!