Maldición de la higuera estéril

12 Al día siguiente, cuando salieron de Betania, tuvo hambre. 13 Y viendo de lejos una higuera que tenía hojas, fue a ver si tal vez hallaba en ella algo; pero cuando llegó a ella, nada halló sino hojas, pues no era tiempo de higos. 14 Entonces Jesús dijo a la higuera: Nunca jamás coma nadie fruto de ti. Y lo oyeron sus discípulos.

Purificación del templo

15 Vinieron, pues, a Jerusalén; y entrando Jesús en el templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y compraban en el templo; y volcó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas; 16 y no consentía que nadie atravesase el templo llevando utensilio alguno. 17 Y les enseñaba, diciendo: ¿No está escrito: Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones? Mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones. 18 Y lo oyeron los escribas y los principales sacerdotes, y buscaban cómo matarle; porque le tenían miedo, por cuanto todo el pueblo estaba admirado de su doctrina. 19 Pero al llegar la noche, Jesús salió de la ciudad.

Reflexión: Dar fruto y vivir en la verdadera adoración (Marcos 11:12-19)

La higuera llena de hojas pero sin fruto es un símbolo de una fe que aparenta vida, pero carece de obras. Jesús nos recuerda que la verdadera fe debe dar frutos de amor, justicia y misericordia. Luego, al purificar el templo, enseña que la casa de Dios no es un lugar de comercio ni de intereses humanos, sino un espacio de oración y encuentro con el Padre. Este pasaje nos invita a revisar nuestro corazón: ¿estamos dando frutos? ¿Vivimos la fe como una relación sincera con Dios o como una apariencia vacía?
¡Dios te bendiga!