Jesús y la oración

11 Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos. 2 Y les dijo: Cuando oréis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. 3 El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. 4 Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal.

5 Les dijo también: ¿Quién de vosotros que tenga un amigo, va a él a medianoche y le dice: Amigo, préstame tres panes, 6 porque un amigo mío ha venido a mí de viaje, y no tengo qué ponerle delante; 7 y aquel, respondiendo desde adentro, le dice: No me molestes; la puerta ya está cerrada, y mis niños están conmigo en cama; no puedo levantarme, y dártelos? 8 Os digo, que aunque no se levante a dárselos por ser su amigo, sin embargo por su importunidad se levantará y le dará todo lo que necesite. 9 Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. 10 Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. 11 ¿Qué padre de vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿o si pescado, en lugar de pescado, le dará una serpiente? 12 ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? 13 Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?

✨ Reflexión: Orar es confiar en un Padre que escucha (Lucas 11:1-13)

Los discípulos veían a Jesús orar… y eso despertó en ellos un deseo profundo: “Señor, enséñanos a orar”.
Y Jesús respondió mostrando el corazón del Padre: un Padre cercano, santo, generoso, que cuida, perdona, sostiene y libra del mal.

Luego les contó una historia para grabar algo en sus almas: la oración insistente abre puertas.
No porque Dios sea difícil de mover, sino porque Él honra la fe perseverante.
Jesús resume con tres verbos que transforman la vida: Pedid, buscad, llamad.
No es un ritual; es un camino de confianza.

Y termina con una verdad que sana el corazón:
Si incluso los padres humanos saben dar cosas buenas… cuánto más tu Padre celestial te dará lo que realmente necesitas.
Orar es recordar que no estás solo, que hay un Padre amoroso atento a cada una de tus palabras.

¡Dios te bendiga!

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