La levadura de los fariseos

12 En esto, juntándose por millares la multitud, tanto que unos a otros se atropellaban, comenzó a decir a sus discípulos, primeramente: Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía. 2 Porque nada hay encubierto, que no haya de descubrirse; ni oculto, que no haya de saberse. 3 Por tanto, todo lo que habéis dicho en tinieblas, a la luz se oirá; y lo que habéis hablado al oído en los aposentos, se proclamará en las azoteas.

A quién se debe temer

4 Mas os digo, amigos míos: No temáis a los que matan el cuerpo, y después nada más pueden hacer. 5 Pero os enseñaré a quién debéis temer: Temed a aquel que después de haber quitado la vida, tiene poder de echar en el infierno; sí, os digo, a este temed. 6 ¿No se venden cinco pajarillos por dos cuartos? Con todo, ni uno de ellos está olvidado delante de Dios. 7 Pues aun los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis, pues; más valéis vosotros que muchos pajarillos.

El que me confesare delante de los hombres

8 Os digo que todo aquel que me confesare delante de los hombres, también el Hijo del Hombre le confesará delante de los ángeles de Dios; 9 mas el que me negare delante de los hombres, será negado delante de los ángeles de Dios. 10 A todo aquel que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que blasfemare contra el Espíritu Santo, no le será perdonado. 11 Cuando os trajeren a las sinagogas, y ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis por cómo o qué habréis de responder, o qué habréis de decir; 12 porque el Espíritu Santo os enseñará en la misma hora lo que debáis decir.

✨ Reflexión: Vivir sin máscaras y sin miedo
(Lucas 12:1-12)

Jesús advierte con claridad: la hipocresía se parece a la levadura, empieza en silencio, pero termina inflándolo todo. Lo que se vive a puertas cerradas, tarde o temprano sale a la luz. Por eso, el llamado no es a aparentar fe, sino a vivirla con verdad.

Luego Jesús toca un miedo muy humano: el temor a los hombres. Nos recuerda que el poder humano es limitado, pero el cuidado de Dios es absoluto. Si Él no olvida ni a un pequeño pajarillo, mucho menos se olvida de nosotros. Nuestra vida está en sus manos.

Confesar a Jesús no es solo hablar de Él, sino vivir sin avergonzarse de su verdad, aun cuando cueste. Y cuando llegue el momento difícil, cuando falten las palabras, Jesús promete algo profundo: no estaremos solos. El Espíritu Santo hablará por nosotros.

Este pasaje nos invita a vivir con un corazón sincero, una fe visible y una confianza firme en Dios, sin máscaras y sin miedo.

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