Jesús es sepultado

50 Había un varón llamado José, de Arimatea, ciudad de Judea, el cual era miembro del concilio, varón bueno y justo. 51 Este, que también esperaba el reino de Dios, y no había consentido en el acuerdo ni en los hechos de ellos, 52 fue a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. 53 Y quitándolo, lo envolvió en una sábana, y lo puso en un sepulcro abierto en una peña, en el cual aún no se había puesto a nadie. 54 Era día de la preparación, y estaba para comenzar el día de reposo. 55 Y las mujeres que habían venido con él desde Galilea, siguieron también, y vieron el sepulcro, y cómo fue puesto su cuerpo. 56 Y vueltas, prepararon especias aromáticas y ungüentos; y descansaron el día de reposo, conforme al mandamiento.

✨ Reflexión: La esperanza que descansa en silencio (Lucas 23:50-56)

Cuando todo parece haber terminado, Dios sigue obrando en silencio. José de Arimatea, movido por la fe y la justicia, da un paso valiente para honrar el cuerpo de Jesús. En medio del miedo y la confusión, su acto revela que la esperanza no ha muerto.

El sepulcro cerrado no es señal de derrota, sino de espera. Las mujeres observan, preparan aromas y descansan conforme al mandamiento. Aun sin entender plenamente lo que vendrá, permanecen fieles. El silencio del sábado guarda una promesa que pronto será revelada.

Este pasaje nos enseña que hay momentos en los que la fe no actúa, sino que confía. Cuando todo calla, Dios sigue siendo fiel y su plan continúa avanzando.

¡Dios te bendiga!

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