Jesús y Nicodemo

3 Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos. 2 Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él. 3 Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. 4 Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? 5 Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. 6 Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. 7 No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. 8 El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu. 9 Respondió Nicodemo y le dijo: ¿Cómo puede hacerse esto? 10 Respondió Jesús y le dijo: ¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto? 11 De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto, testificamos; y no recibís nuestro testimonio. 12 Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales? 13 Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo. 14 Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, 15 para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

✨ Reflexión: Nacer de nuevo para ver el Reino (Juan 3:1-15)

Nicodemo se acerca de noche, con preguntas sinceras pero mente limitada por lo natural. Jesús no le habla de reformas externas, sino de una transformación profunda: nacer de nuevo. El Reino de Dios no se comprende solo con conocimiento, sino con una vida renovada por el Espíritu.

Lo que nace de la carne permanece en lo humano; lo que nace del Espíritu recibe vida eterna. Jesús apunta a la cruz cuando menciona que el Hijo del Hombre será levantado, como la serpiente en el desierto. La salvación no se alcanza por mérito, sino por fe en Aquel que fue levantado para dar vida.

Este pasaje nos confronta con una verdad clara: no basta con saber acerca de Dios, es necesario experimentar un nuevo nacimiento que transforme el corazón.

¡Dios te bendiga!

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