Jesús y la mujer samaritana

4 Cuando, pues, el Señor entendió que los fariseos habían oído decir: Jesús hace y bautiza más discípulos que Juan 2 (aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos), 3 salió de Judea, y se fue otra vez a Galilea. 4 Y le era necesario pasar por Samaria. 5 Vino, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, junto a la heredad que Jacob dio a su hijo José. 6 Y estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo. Era como la hora sexta.

7 Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber. 8 Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer. 9 La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí. 10 Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva. 11 La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva? 12 ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados? 13 Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; 14 mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna. 15 La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla.

✨ Reflexión: El agua viva que sacia el alma (Juan 4:1-15)

Jesús se detiene en un lugar inesperado y rompe barreras culturales para encontrarse con una mujer samaritana. Cansado del camino, inicia una conversación sencilla que revela una verdad profunda: existe una sed que el agua natural no puede calmar.

La mujer piensa en lo material, pero Jesús habla de algo mayor. El agua viva no es un recurso externo, sino una fuente interior que brota para vida eterna. Él no solo ofrece alivio momentáneo, sino transformación permanente.

Este pasaje nos recuerda que todos tenemos una sed espiritual. Podemos buscar satisfacción en muchas cosas, pero solo Cristo puede llenar el vacío del alma y convertir nuestra vida en una fuente que fluye con esperanza.

¡Dios te bendiga!

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